Montañas, neblina y sabores del Eje Cafetero desde una habitación tranquila
La Floresta Campestre
Pasamos varias noches en La Floresta Campestre durante nuestra luna de miel y nos encantó arrancar cada día mirando el verde desde la habitación. La ventana daba a las montañas y, temprano, se veían algunos guaduales con neblina; una postal tranquila, sin ruidos de ciudad. El desayuno fue de lo mejor: arepa de maíz blanco, huevos al gusto, fruta fresca y un café colombiano servido bien caliente. También cenamos allí una noche y probamos trucha con salsa de hierbas y patacones, todo sabroso y casero. El personal fue atento sin invadir. Para nosotros, fue una base hermosa y relajada para recorrer Armenia y el Eje Cafetero.