Pileta tranquila, rincones para descansar y noches de silencio en San Gil
Hotel Posada Campestre San Gil
Nos alojamos en la Posada durante nuestro primer viaje internacional y nos encantó bajar el ritmo. La pileta estaba impecable, con reposeras bajo una pérgola de madera; después de cada paseo nos quedábamos allí escuchando los pájaros. Las áreas comunes, con sillones amplios y mesas de piedra, invitaban a descansar sin apuro. De noche reinaba un silencio hermoso: solo se oía el agua de una fuente pequeña. El personal fue amable y todo se sintió cuidado. Nos fuimos agradecidos.