¿Qué hacer en La Paz, Bolivia, en 3 días?

Puntaje promedio      0 opiniones
  Tangol 04/03/2026

La Paz es uno de esos lugares que llama la atención de los más curiosos: ¿cómo se vive en una ciudad tan alta?, ¿qué paisajes rodean a la capital administrativa de Bolivia? ¿cómo se mueve la gente durante la semana y en los días de descanso?

Para responder todas esas preguntas, nada mejor que dedicarle unos días para hacer turismo a paso tranquilo. Lo primero a saber es que La Paz se encuentra a 3.600 metros sobre el nivel del mar, una altura que plantea un desafío físico interesante.

Desde el avión, el paisaje ya anuncia el impacto: un valle inmenso bordeado por montañas rojizas, casas colgando de los cerros y el Illimani, el gigante nevado que vigila todo desde el horizonte. El aire pesa distinto, los colores parecen más nítidos, y las bocinas, los gritos de los vendedores, las melodías de las zampoñas se mezclan en una sinfonía de vida cotidiana.

La Paz es moderna y ancestral, caótica y espiritual. Y una visita por tres días puede parecer insuficiente. Pero no con el itinerario correcto: a continuación, una propuesta de tres jornadas que combinan cultura, paisajes y gastronomía, con la intensidad justa para disfrutar de este destino único en Sudamérica. Y si quieres planificar por tu cuenta, puedes revisar nuestras excursiones en La Paz y agregar las mejores a tu agenda viajera.

 

Día 1: Lugares turísticos de La Paz, Bolivia

El primer día, el cuerpo necesita tiempo para aclimatarse a la altura. Lo mejor es tomar un city tour para explorar el centro histórico, donde la identidad política, religiosa y comercial de la ciudad late desde hace siglos.

La Plaza Murillo es el punto de partida ideal. Rodeada por el Palacio Quemado, la Catedral Metropolitana y el Congreso Nacional, esta plaza fue testigo de protestas sociales, celebraciones y proclamaciones de independencia. Hoy es un espacio lleno de vida cotidiana: niños jugando, jubilados que pasean o descansan en un banco bajo la sombra de un árbol, vendedoras que ofrecen jugos y productos naturales, y turistas que miran hacia arriba, sorprendidos por la monumentalidad del entorno.

Desde ahí se puede caminar hasta la Iglesia de San Francisco, uno de los templos más importantes de la ciudad. Su fachada barroca mestiza, tallada en piedra, combina símbolos católicos con figuras indígenas, reflejo de la fusión cultural que define a todo el altiplano boliviano. Frente a la iglesia se abre una plaza siempre llena de movimiento: jóvenes que conversan, artistas callejeros que tocan instrumentos (charangos, guitarras, y vientos mayormente) y turistas que compran sus primeras artesanías.

A unos pasos, las calles Sagárnaga y Linares conducen a uno de los lugares más fascinantes de La Paz: el Mercado de las Brujas. En ese lugar, entre pequeños puestos cubiertos por toldos de colores, se venden hojas de coca y objetos usados en rituales ancestrales. Más allá del nombre pintoresco, este mercado conserva una parte profunda de la cosmovisión aimara, donde la salud, la suerte y la prosperidad se entienden como un equilibrio entre el cuerpo, el espíritu y la Pachamama.

Dejarse perder por estas calles es una forma de conocer la ciudad sin filtros. Entre las tiendas, los aromas del incienso se mezclan con el olor del maíz tostado y del api caliente. Las vendedoras, con sus trenzas y sus sombreros bombín, conversan en aimara y en español. Y si uno se detiene a preguntar, muchas explican con paciencia para qué sirve cada especie o cómo se prepara una mesa de ofrendas.

Después de este recorrido, una pausa necesaria puede ser en la Calle Jaén, una de las más antiguas y bellas de La Paz. Sus fachadas coloniales de colores, sus balcones de madera y su empedrado invitan a caminar despacio, a mirar los detalles.

Por la tarde, nada mejor que subir al teleférico, símbolo contemporáneo de la ciudad. Este sistema de transporte, considerado el más alto del mundo, conecta distintos barrios a través de líneas de colores que cruzan el cielo. Desde sus cabinas se obtiene una vista impresionante: los techos rojos que se multiplican por los cerros, los mercados que se ven como manchas vivas, y al fondo, el Illimani cubierto de nieve.

El día puede terminar con una cena ligera en alguno de los restaurantes del centro o de Sopocachi. Un plato de sajta de pollo o un silpancho (carne apanada con papas, arroz, huevo y ensalada) es ideal para reponer fuerzas. Antes de dormir, un té de coca o de muña ayuda a respirar mejor y evitar el mal de altura.

Día 2: de los Andes a la Amazonía boliviana

El segundo día invita a salir un poco del centro y descubrir los contrastes que hacen de La Paz una ciudad tan singular. Si buscas una experiencia de contrastes, la escapada a Los Yungas es la opción más fascinante. Este tour de día completo te permite atravesar dos ecosistemas opuestos en un viaje de apenas 3 horas por carretera, recorriendo la transición geográfica más dramática de Bolivia.

El itinerario comienza desafiando la altura en La Cumbre (4.650 m.s.n.m.), donde la nieve y los glaciares dominan el paisaje andino. Desde allí, realizarás un descenso escénico de más de 3.000 metros verticales hasta llegar a Yolosa (1.150 m.s.n.m.), la puerta de entrada a la selva amazónica. Este trayecto es una clase magistral de geografía en movimiento.

 

El corazón de la experiencia es La Senda Verde, un refugio de vida silvestre nacido en 2003 que hoy protege a más de 450 animales rescatados del tráfico ilegal, incluidos osos andinos (Jucumaris), monos y aves tropicales. Visitar este santuario conecta al viajero con la conciencia ecológica actual de Bolivia. 

Para completar la inmersión cultural, el tour se dirige hacia las cercanías de Coroico para almorzar en el Café Munaipata. Acá destaca el menú basado en ingredientes orgánicos y café de altura, ideal para recuperar energía y aprender sobre las prácticas sustentables que sostienen la economía local de los Yungas. Es la combinación perfecta de aventura, conciencia ambiental y gastronomía en una sola jornada.

Día 3: Tiwanaku, un viaje al Altiplano

Para comprender la identidad cultural de La Paz, es imprescindible viajar al pasado. A solo 72 kilómetros de la ciudad (aproximadamente 1 hora y media de viaje), se encuentra Tiwanaku, la capital de uno de los imperios prehispánicos más longevos y avanzados de América (1580 a.C. – 1200 d.C.). Este tour de 5 horas es la opción más conveniente para sumergirse en la arqueología sin alejarse demasiado del radio urbano.

El trayecto atraviesa el vasto Altiplano, permitiendo observar las comunidades aymaras actuales que custodian el legado de sus ancestros. Al llegar al complejo arqueológico, la visita se centra en la ingeniería y la cosmología de esta civilización preincaica. Caminarás entre estructuras monumentales como el Templo de Kalasasaya y la pirámide de Akapana, y estarás frente a la icónica Puerta del Sol, un calendario astronómico tallado en piedra volcánica que demuestra el avanzado conocimiento de esta cultura.

El recorrido se complementa con la visita a los monolitos Ponce y Fraile, y al templete semi-subterráneo, cuyas cabezas clavas representan las distintas etnias del antiguo imperio. Además, el ingreso a los dos museos locales (lítico y cerámico) ofrece el contexto histórico necesario para dimensionar la influencia de Tiwanaku en la cultura andina moderna.









0

Promedio entre 0 calificaciones
5 Excelente
4 Muy bueno
3 Regular
2 Malo
1 Horrible

 

Todos Excelente (0) Muy bueno (0) Regular (0) Malo (0) Horrible (0)

¿Qué excursiones hacer en Samaipata desde Santa Cruz?

Toda la Información sobre Sudamerica

Regístrate con tu mail para recibir los mejores artículos sobre turismo