Chile no se termina de conocer sin visitar al menos una vez las Cuevas de Mármol, un santuario geológico tallado por el tiempo, el agua y el viento, que año tras año sorprende a cientos de turistas.
Sin dudas, explorarlas es una experiencia diferente a las demás. Están compuestas por una serie de cuevas, túneles y columnas de mármol pulidas naturalmente por la acción del agua durante más de 6 mil años.
A ese sitio especial llegan geólogos y biólogos de todas partes del mundo, además del turismo. Lo que más sorprende a los visitantes es cómo las paredes de las cuevas reflejan distintos colores según la luz del día, la estación del año y el color del agua. Pueden verse vetas en tonos blanco, gris, azul y turquesa, lo que les da un aspecto casi irreal.
Además, como están ubicadas en una de las zonas más salvajes y prístinas de la Patagonia, para llegar es necesario recorrer largos tramos de ruta austral, lo que convierte al viaje en una travesía escénica y de aventura. Esa lejanía contribuye a su mística y belleza intacta.
Pero, ¿cuál es el mejor tour a las Capillas de Mármol? La respuesta depende del tipo de experiencia que estés buscando. Acá te contamos las opciones más recomendadas y todo lo que necesitás saber para elegir la excursión ideal. Antes de continuar, una recomendación para incluir este destino en un viaje por el sur de Chile: el paquete de 11 por la Carretera Austral desde Puerto Varas.
Ahora sí, empecemos.
¿Dónde quedan las Cuevas de Mármol de Chile?
Las Cuevas (o Cavernas) de Mármol están en el sur de Chile, en plena Patagonia, dentro del Lago General Carrera, uno de los lagos más grandes del país. Están muy cerca del poblado de Puerto Río Tranquilo, que funciona como el principal punto de acceso para visitarlas, en la Región de Aysén.
Estas formaciones de mármol se encuentran en la ribera del lago y solo se pueden recorrer por el agua, mediante embarcaciones que salen desde Puerto Río Tranquilo. La visita depende bastante del clima y del estado del lago, ya que el viento y el oleaje pueden afectar el ingreso a las cavernas. Por esta razón, se visitan a través de tours y excursiones guiadas.
Veamos las más recomendadas.
Cuevas de Mármol desde Coyhaique: Carretera Austral Sur y navegación
Para quienes están alojados en Coyhaique o prefieren una experiencia más despreocupada, la excursión a Cavernas de Mármol por la Carretera Austral Sur es la mejor opción. Incluye transporte ida y vuelta, un almuerzo tradicional en Puerto Tranquilo, paradas en Laguna Chiguay, Piedra del Conde y Portezuelo Ibáñez y miradores panorámicos de los bosques. La parada final del viaje a las Catedrales de Mármol es la navegación a través del hielo, con guias especializados.
Es una opción pensada para quienes quieren disfrutar del día sin lidiar con mapas, alquiler de autos o contratiempos logísticos. El viaje por la ruta ya es en sí mismo una joya visual, con glaciares, ríos y bosques acompañando el trayecto.
Navegación en barco desde Puerto Río Tranquilo: comodidad y vistas panorámicas
La opción más elegida por quienes llegan al sur chileno es el tour en barco desde el pequeño pueblo de Puerto Río Tranquilo. A partir de ahí salen embarcaciones cada día hacia las Capillas y la Catedral de Mármol, dos de las formaciones más icónicas de este paisaje surrealista.
¿Lo mejor de esta alternativa? Es cómoda, apta para todas las edades y no requiere ningún tipo de esfuerzo físico. A bordo, el lago se transforma en un espejo donde el mármol se refleja con una pacífica calma. Las fotos son increíbles, y el ritmo relajado permite disfrutar del entorno sin apuros.
Eso sí, quienes buscan meterse en los recovecos más íntimos de las cavernas quizás sientan cierta distancia. La navegación brinda una vista general pero no tan cercana como otras opciones más activas.
Kayak entre esculturas naturales: aventura íntima y silenciosa
Si lo tuyo es el contacto pleno con la naturaleza y no te molesta remar un buen rato, el tour en kayak es una experiencia inolvidable. Con casco, chaleco salvavidas y un guía experimentado, vas a deslizarte entre túneles, columnas y cúpulas esculpidas en piedra por el paso de los siglos.
La sensación es única: el sonido del agua, el eco en las cavernas, la posibilidad de tocar la piedra fría y ver cómo la luz se cuela entre las grietas. Es también la oportunidad perfecta para sacar fotos desde adentro de las cuevas, en ángulos imposibles de captar desde un barco.
¿La contra? Requiere una buena condición física y no es recomendable para quienes tienen movilidad reducida o no saben nadar. Pero si estás dispuesto a remar, te espera una de las vivencias más mágicas del sur chileno.