Colombia cambia de altura muy rápido. Esa característica, que en un mapa puede pasar desapercibida, es una de las razones por las que caminar el país resulta tan interesante.
En una misma ruta de viaje es posible atravesar selva tropical, bosque de niebla, páramo y alta montaña. Hay senderos que empiezan a pocos metros sobre el nivel del mar y otros que llevan hasta paisajes situados por encima de los 4.000 metros. Algunas caminatas duran unas horas. Otras necesitan varios días y terminan frente a una ciudad prehispánica escondida en la Sierra Nevada.
Por eso preguntarse dónde hacer trekking en Colombia abre muchas posibilidades.
No existe una única ruta imprescindible ni tampoco un solo tipo de caminante. El Valle de Cocora funciona muy bien para quien quiere dedicar un día completo a caminar. Ciudad Perdida exige varios días y convierte el recorrido en parte fundamental de la experiencia. Chingaza permite acercarse al páramo desde Bogotá. El Cocuy lleva el senderismo hacia la alta montaña. Cerro Kennedy muestra otra cara de la Sierra Nevada de Santa Marta, entre bosques, aves y cambios importantes de altitud.
Esta guía reúne cinco de las rutas de trekking en Colombia que mejor explican esa diversidad. No están elegidas solamente por sus paisajes. Cada una permite comprender algo diferente del territorio, su historia y la relación que existe entre las montañas y quienes las habitan.
Por qué Colombia es un destino para caminar
La primera razón es geológica. Los Andes entran a Colombia por el sur, todavía como un solo sistema, y se dividen dentro del territorio en tres grandes cordilleras separadas por valles profundos como los del río Magdalena y el río Cauca. Ese desdoblamiento es poco común: pocos países concentran tres cadenas montañosas independientes, cada una con sus propios volcanes, páramos y microclimas, dentro de un espacio relativamente reducido. A eso se suma la Sierra Nevada de Santa Marta, un macizo completamente aislado de los Andes que se levanta directamente desde el mar Caribe y que está considerada la montaña costera más alta del mundo. No hay otro punto del planeta donde, en una distancia tan corta, se pase de una playa tropical a picos nevados.
Esa arquitectura montañosa produce algo que pocos destinos de trekking pueden ofrecer: cambios de piso térmico extremadamente rápidos. En una misma jornada de caminata es posible dejar atrás la selva húmeda, cruzar bosque de niebla, entrar en páramo y terminar frente a roca y hielo, todo dentro de unas pocas horas y sin necesidad de moverse cientos de kilómetros. Esa compresión geográfica es la que convierte cada ruta en un recorrido por varios ecosistemas distintos, en lugar de un paisaje que se repite kilómetro tras kilómetro.
La segunda razón tiene que ver con la biodiversidad que habita esas montañas. Colombia es uno de los países con mayor diversidad biológica del planeta, y buena parte de esa riqueza se concentra precisamente en los gradientes de altura: aves endémicas en el bosque de niebla, frailejones que solo crecen en el páramo neotropical, osos andinos, dantas de páramo y ecosistemas glaciares que ya casi no existen en el resto del trópico. Caminar en Colombia no es solo ganar altura; es atravesar, en un mismo día, varios de los ecosistemas más singulares de la biología tropical de montaña.
La tercera razón es cultural, y suele pasar desapercibida en las guías de senderismo. Muchas de estas montañas siguen siendo territorio ancestral de pueblos indígenas —kogui, arhuaco, wiwa, kankuamo, u'wa, muisca, entre otros— que conservan una relación viva con el páramo, la selva y las lagunas de altura. Eso significa que hacer trekking en Colombia no es únicamente una actividad física ni un ejercicio de superación personal: es también una forma de acercarse a territorios con siglos de historia y de significado espiritual, algo que rara vez se encuentra con esa intensidad en otros destinos de montaña del continente.
Y hay una cuarta razón, más práctica: la variedad de exigencia. El país ofrece rutas de una sola jornada, aptas para cualquier viajero con condición física moderada, junto a travesías de varios días y ascensos de alta montaña que requieren preparación técnica. Esa amplitud permite que la misma pregunta —dónde hacer trekking en Colombia— tenga respuestas completamente distintas según el tiempo, el estado físico y el tipo de experiencia que busca cada persona.
Geología, biodiversidad, cultura viva y variedad de dificultad: esos cuatro factores son los que explican por qué las caminatas en Colombia logran algo poco frecuente en el senderismo de montaña —comprimir en un solo recorrido varios países distintos dentro de un mismo país—, y son también el criterio con el que seleccionamos los cinco destinos de esta guía.
Ciudad Perdida: caminar varios días para llegar a Teyuna
Pocas rutas explican tan bien la diferencia entre visitar un lugar y tener que llegar hasta él caminando.
Ciudad Perdida, también conocida como Teyuna, se encuentra en la Sierra Nevada de Santa Marta. Fue uno de los principales asentamientos de la sociedad Tairona y conserva terrazas circulares, escaleras, caminos y sistemas de canalización construidos en piedra. El sitio arqueológico ocupa aproximadamente 13 hectáreas y sus orígenes se remontan varios siglos antes de la llegada española.
Pero ninguna carretera llega hasta allí.
El viaje comienza en Santa Marta y continúa por carretera hacia la zona de El Mamey o Machete Pelao. A partir de ese punto empieza la caminata por la Sierra Nevada. El recorrido atraviesa selva tropical, ríos, territorios indígenas y diferentes campamentos antes de alcanzar la escalera de piedra que conduce hasta el parque arqueológico.
Se calcula aproximadamente 64 kilómetros entre ida y regreso y señala como una caminata de dificultad moderada-alta debido al terreno, la humedad y los cambios de altitud. Dependiendo del programa, la travesía puede realizarse durante tres, cuatro o cinco días.
Trekking Ciudad Perdida, Colombia: el camino importa tanto como el destino
Quien busca información sobre trekking en Ciudad Perdida, Colombia, suele encontrarse primero con la imagen de las terrazas de Teyuna. Es comprensible, pero reducir la experiencia a la llegada sería perder buena parte del sentido del viaje.
Durante varios días el sendero sigue el valle del río Buritaca y atraviesa territorios donde habitan comunidades kogui y wiwa. La Sierra Nevada no es solamente un espacio natural. Es también territorio ancestral de los pueblos kogui, arhuaco, wiwa y kankuamo, para quienes estas montañas tienen una dimensión cultural y espiritual profunda. Ese contexto debería cambiar la manera de caminar: las fotografías, los encuentros con comunidades y el paso por determinados lugares requieren respeto. Un viajero no entra simplemente a una montaña despoblada; atraviesa un territorio vivo.
También explica por qué las búsquedas sobre Colombia trekking Ciudad Perdida deberían conducir a algo más que una comparación de kilómetros y dificultad. Aquí historia y paisaje están unidos, y los antiguos caminos de piedra comunicaban asentamientos taironas mucho antes de que la zona fuera incorporada a los circuitos turísticos actuales. Teyuna no apareció de repente cuando fue documentada por investigadores durante la década de 1970. Para las comunidades de la Sierra, el lugar nunca estuvo realmente perdido.

Cómo hacer el trekking a Ciudad Perdida
El acceso al parque arqueológico está regulado y debe realizarse mediante operadores autorizados. Colombia Travel recomienda expresamente utilizar empresas habilitadas para gestionar la ruta.
Tangol ofrece actualmente Trekking a la Ciudad Perdida, con alternativas de cuatro y cinco días desde Santa Marta. El programa incluye transporte terrestre, alojamiento durante la travesía, alimentación, acceso al Parque Arqueológico Teyuna, acompañamiento local y las contribuciones correspondientes a comunidades e instituciones vinculadas con la ruta.
Para quienes investigan Santa Marta - trekking, Colombia, esta es probablemente la experiencia más completa de la región, porque combina actividad física, selva y arqueología en una travesía de varios días. No es una caminata para hacer con prisa: la humedad, el terreno irregular y las jornadas consecutivas hacen que llegar descansado y escoger un programa acorde con la condición física sea mucho más importante que intentar avanzar rápido. Ciudad Perdida recompensa la constancia, no la velocidad.
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Salento y Valle de Cocora: caminar entre las palmas de cera
El cambio de escenario es radical: en lugar de selva tropical aparecen montañas verdes, potreros, bosque de niebla y unas siluetas que resultan difíciles de confundir con cualquier otro lugar, las palmas de cera.
Salento funciona como uno de los grandes puntos de partida para el senderismo del Eje Cafetero. Desde el pueblo se llega al Valle de Cocora, donde existen recorridos de distinta duración y rutas que se internan hacia ecosistemas de mayor altura asociados al macizo de Los Nevados. Salento también funciona como una de las puertas de acceso hacia el Parque Nacional Natural Los Nevados.
La palma de cera es el árbol nacional de Colombia y puede alcanzar alrededor de 60 metros de altura. Vista de cerca produce una impresión distinta a la fotografía clásica del valle: los troncos son extraordinariamente delgados para su tamaño y parecen sobresalir por encima del resto de la vegetación. Caminar entre ellas ayuda a comprender la escala real del paisaje.
Salento trekking Colombia: hay más de una forma de recorrer Cocora
Cuando se habla de Salento, trekking en Colombia, conviene diferenciar la visita panorámica de una verdadera jornada de senderismo.
Hay viajeros que llegan al Valle de Cocora, recorren los miradores cercanos y regresan después de unas horas. Es una buena opción cuando el tiempo es limitado. Pero el valle permite ir bastante más lejos: los recorridos largos avanzan desde las áreas abiertas donde predominan las palmas hacia sectores de bosque húmedo y caminos de montaña. El paisaje cambia progresivamente y la niebla puede transformar el valle en cuestión de minutos.
Ese clima cambiante forma parte de la experiencia. En el Eje Cafetero la lluvia no debería interpretarse automáticamente como un día perdido. Es precisamente la humedad la que alimenta los bosques de niebla y ayuda a explicar la intensidad del verde que identifica esta región.
Te sugerimos una experiencia de Senderismo en el Valle de Cocora desde Salento de jornada completa. Incluye traslado en Jeep Willys, guía local con interpretación ambiental e histórica, recorrido por el bosque de palmas y almuerzo típico. La actividad tiene una duración total aproximada de siete horas.
Para quien busca una primera aproximación a los viajes de senderismo en Colombia, Cocora tiene una ventaja importante: permite vivir una caminata de montaña significativa sin comprometer varios días del itinerario.
Del Valle de Cocora hacia Los Nevados
Cocora también funciona como punto de transición hacia rutas mucho más exigentes. Desde esta región parten travesías que ascienden hacia el Parque Nacional Natural Los Nevados, donde aparecen páramo, superpáramo y paisajes de alta montaña. El parque se extiende por Caldas, Risaralda, Quindío y Tolima y protege ecosistemas situados a alturas considerablemente superiores a las del valle.
Entre las expediciones disponibles desde Salento está la ruta hacia el Nevado del Tolima, que requiere varios días y atraviesa el Valle de Cocora antes de ascender hacia zonas de páramo.
Esto convierte a Salento en un destino especialmente versátil: puedes venir por una caminata de unas horas entre palmas o utilizar el pueblo como punto de partida hacia una travesía de alta montaña. El paisaje comienza igual. La exigencia no.
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Parque Nacional Natural El Cocuy: la alta montaña colombiana
Hay un punto en el que Colombia deja de parecer tropical. El verde disminuye, aparecen grandes extensiones de páramo, las temperaturas caen y las montañas comienzan a mostrar roca, lagunas y hielo. Ese lugar es la Sierra Nevada del Cocuy, Güicán y Chita.
El Parque Nacional Natural El Cocuy se extiende por Boyacá, Arauca y Casanare y protege más de 306.000 hectáreas. Su territorio asciende desde el piedemonte hasta cumbres cercanas a los 5.330 metros y alberga la mayor superficie glaciar que todavía conserva Colombia, con cerca de 13 km².
El paisaje no aparece de golpe: el ascenso atraviesa bosque andino, páramo y superpáramo. Los frailejones comienzan a dominar algunos sectores antes de que las formas de la alta montaña ocupen el horizonte. Para alguien acostumbrado a asociar Colombia únicamente con selvas y Caribe, llegar aquí suele resultar desconcertante.
Tres senderos para acercarse a los glaciares
Actualmente el parque mantiene tres senderos ecoturísticos autorizados: Lagunillas–Púlpito del Diablo, Laguna Grande de la Sierra y Ritacuba. Los tres parten de sectores cercanos a Güicán o El Cocuy, y los tres conducen hasta zonas próximas al borde glaciar, no a una caminata libre sobre el hielo. Aun así, cada uno ofrece una experiencia distinta.
- Lagunillas–Púlpito del Diablo es la ruta más emblemática del parque. Sale generalmente desde el sector de Lagunillas o las cabañas cercanas a Hacienda La Esperanza y asciende por un valle glaciar salpicado de lagunas —entre ellas la Laguna del Púlpito— hasta quedar frente al Púlpito del Diablo, una aguja de roca de unos 5.100 metros que se convirtió en el símbolo fotográfico de El Cocuy. Es una jornada completa, de alta exigencia física, en la que buena parte del trayecto transcurre ya por encima de los 4.000 metros.
- Laguna Grande de la Sierra es, para muchos senderistas, la ruta más completa en términos de ecosistemas. El recorrido —de unos 15 a 16 kilómetros ida y vuelta, con siete u ocho horas de caminata según el ritmo del grupo— atraviesa bosque altoandino, el Valle de los Frailejones, páramo y superpáramo antes de llegar a la laguna, situada alrededor de los 4.500 metros y rodeada por varios de los picos nevados más altos del parque. Es la opción que mejor resume, en una sola jornada, la transición completa entre pisos térmicos que caracteriza a la Sierra Nevada del Cocuy.
- Ritacuba conduce hacia la base del Ritacuba Blanco, con 5.330 metros la cumbre más alta de la cordillera Oriental y uno de los pocos glaciares que todavía sobreviven en el país. La ruta suele iniciar cerca de Kanwara, tiene una extensión aproximada de 13 kilómetros ida y vuelta y exige entre seis y siete horas de caminata, ascendiendo hasta cerca de los 4.900-5.000 metros, ya en el límite del hielo. Es también uno de los senderos donde mejor se aprecia el retroceso glaciar: comparar fotografías de hace apenas veinte años con el paisaje actual permite ver, casi a simple vista, cuánto hielo ha perdido la montaña.
En los tres casos, la dificultad no depende solamente de la distancia. La altura cambia por completo la caminata. Moverse por encima de los 4.000 metros exige mucho más al organismo que recorrer la misma distancia a menor elevación: el aire tiene menos oxígeno, el frío se intensifica y el cuerpo necesita tiempo de aclimatación antes de exigirse al máximo. Por eso El Cocuy no debería plantearse como una competencia para "llegar más alto", sino como una experiencia de montaña que necesita preparación física previa, buen estado de salud y acompañamiento profesional.
Parques Nacionales exige actualmente reserva previa, ingreso acompañado por guía o intérprete autorizado, registro, inducción y seguro de accidentes y rescate. La información oficial también recomienda confirmar los cupos antes de planear el viaje, ya que el número de visitantes por sendero y por día suele estar limitado para proteger el páramo y el ecosistema glaciar.
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El Cocuy también es territorio sagrado
La dimensión natural no es la única que importa. La Sierra Nevada del Cocuy se relaciona profundamente con el territorio ancestral del pueblo indígena u'wa. Parques Nacionales reconoce expresamente la importancia cultural y espiritual de estas montañas y el papel de las comunidades en su conservación. Por eso existen límites sobre dónde caminar.
Para algunos viajeros, la imposibilidad de ascender libremente a determinadas cumbres puede parecer una restricción. En realidad es parte de un programa mucho más amplio sobre conservación, retroceso glaciar y respeto por territorios sagrados.
No todo lugar extraordinario necesita convertirse en una cima conquistada. A veces acercarse, observar y regresar también es una experiencia completa.
Chingaza: el páramo a las puertas de Bogotá
Bogotá tiene una característica que muchos visitantes descubren tarde: algunas de las mejores caminatas de la región están a relativamente poca distancia de la ciudad.
El Parque Nacional Natural Chingaza protege páramos, bosques altoandinos, lagunas y uno de los sistemas hídricos más importantes del centro del país. También es territorio de fauna emblemática como el oso andino y el venado cola blanca, aunque encontrarlos durante una caminata es cuestión de suerte y nunca debería ser la expectativa principal del recorrido.
La experiencia aquí es distinta a Cocora y El Cocuy: no hay palmas gigantes ni grandes paredes glaciares. Lo que domina es el páramo, con frailejones, pajonales, humedales, niebla y lagunas que crean un paisaje que parece sobrio desde lejos, pero cambia cuando se camina lentamente.
Lagunas de Siecha y otros senderos de Chingaza
Entre las rutas habilitadas se encuentran Lagunas de Siecha, Cuchillas de Siecha, Suasie, Laguna Seca, Lagunas de Buitrago y Plantas del Camino–Laguna de Chingaza, además de otros recorridos definidos por el parque.
Las lagunas de Siecha tienen además un fuerte significado cultural relacionado con los antiguos habitantes muiscas de la región. El páramo no era un espacio vacío para ellos: lagunas, montañas y fuentes de agua formaban parte de una geografía sagrada. Esa dimensión sigue presente en muchos de los nombres y relatos asociados a estos paisajes.
El parque también cumple hoy una función que millones de personas experimentan sin verlo: sus ecosistemas participan en la regulación y provisión de agua para Bogotá y municipios vecinos. Caminar por Chingaza permite observar de dónde viene una parte de esa agua antes de abrir un grifo en la ciudad.
Los frailejones cumplen un papel fundamental en ese proceso. Sus hojas capturan humedad y ayudan al funcionamiento hídrico del páramo. Son plantas de crecimiento lento y extremadamente importantes para la estabilidad de estos ecosistemas.
Tal vez por eso Chingaza cambia la percepción de lo espectacular: no necesita una gran cima. Basta caminar entre frailejones mientras las nubes cruzan la montaña para comprender que un paisaje puede ser extraordinario precisamente porque sostiene la vida de millones de personas sin hacer ruido.
Cómo planificar una caminata en Chingaza
Parques Nacionales exige reserva previa y registro para ingresar al área protegida. El acceso a los sectores turísticos se realiza en vehículo particular o contratado; no existe transporte público regular hasta el interior del parque y no está permitido ingresar caminando por las vías de acceso. Una vez dentro se recorren los senderos autorizados.
El clima merece atención: Chingaza es húmedo y nuboso durante gran parte del año. Las precipitaciones suelen disminuir entre diciembre y febrero, mientras que buena parte del periodo comprendido entre abril y noviembre presenta mayor humedad.
Pero esperar un día completamente despejado puede ser perder el punto. La niebla también pertenece al páramo. A veces es precisamente cuando las montañas desaparecen detrás de las nubes cuando Chingaza se parece más a sí mismo.
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Minca y Cerro Kennedy: otra forma de caminar la Sierra Nevada
La Sierra Nevada de Santa Marta aparece dos veces en esta selección por una buena razón: sería injusto reducir una montaña de semejante diversidad a Ciudad Perdida.
A pocos kilómetros de Santa Marta se encuentra Minca, una población situada en las estribaciones de la Sierra y rodeada de bosques, quebradas, cultivos y una de las regiones más interesantes del país para observar aves.
Desde aquí parten diferentes caminatas, y una de las más conocidas asciende hacia Cerro Kennedy, situado aproximadamente a 3.100 metros sobre el nivel del mar. Desde los sectores altos, cuando las condiciones meteorológicas lo permiten, es posible contemplar las cumbres más elevadas de la Sierra Nevada.
Este recorrido permite entender algo extraordinario de la región: el mar Caribe está relativamente cerca, pero la caminata asciende hacia temperaturas y ecosistemas completamente diferentes. En pocos kilómetros cambia la vegetación. También cambia la forma de respirar la montaña.
Minca y Cerro Kennedy ofrecen una experiencia distinta. El interés está en atravesar los pisos de vegetación, observar aves, caminar por bosques húmedos y ganar altura hasta contemplar la escala completa del macizo.
Cerro Kennedy es considerado como una de las principales rutas de trekking de la Sierra Nevada y destaca la presencia de aves endémicas y migratorias durante el recorrido.
Minca funciona además como una excelente introducción para viajeros que no disponen de cuatro o cinco días para Ciudad Perdida. Se puede dedicar tiempo a senderos más cortos, cascadas, fincas cafeteras y recorridos de observación de aves. Para quien está armando un itinerario de Santa Marta trekking en Colombia, combinar la ciudad con una o dos noches en la Sierra cambia considerablemente el viaje.
Desde las playas del Caribe parece que la montaña está simplemente detrás. Cuando se entra en ella, se descubre que contiene un mundo propio.
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Cosas que debes saber antes de viajar
Los cinco destinos no compiten entre sí: responden a viajes distintos. Ciudad Perdida es la travesía completa de varios días; Cocora, la jornada corta que se puede prolongar hacia Los Nevados; El Cocuy, la alta montaña que exige más preparación; Chingaza, el páramo a un paso de Bogotá; y Minca con Cerro Kennedy, otra manera de entender la Sierra Nevada. Por eso, cuando alguien pregunta dónde hacer trekking en Colombia, la pregunta útil no es cuál es el sendero más famoso, sino qué paisaje quiere caminar y cuánto tiempo puede dedicarle.
Entre las principales cosas que debes saber antes de viajar está que una ruta aparentemente corta puede sentirse completamente distinta según la altura, la humedad y el desnivel: diez kilómetros en un valle no equivalen a diez kilómetros por encima de los 4.000 metros. Tampoco hace falta buscar siempre la ruta más extrema. Los viajes de senderismo en Colombia funcionan mejor cuando se combinan con la cultura del lugar —el café en Salento, la historia tairona en Santa Marta, el agua de Bogotá en Chingaza— y no cuando se miden solo en kilómetros o desnivel.
Tampoco existe una única temporada ideal para las cinco rutas: cada región tiene su propio clima, y el estado de un sendero puede cambiar de un momento a otro. Por eso conviene confirmar el estado del sendero pocos días antes de viajar, no meses antes.
También conviene revisar siempre el estado oficial del sendero. Esto es especialmente importante en Parques Nacionales como El Cocuy, Chingaza y Los Nevados, donde pueden existir cupos máximos, cierres temporales, zonas restringidas o requisitos específicos de ingreso.
En áreas protegidas, permanecer dentro de los caminos autorizados no es una formalidad. Los páramos, bosques de niebla y zonas glaciares contienen ecosistemas muy sensibles. Caminar fuera de las rutas puede afectar vegetación que tarda años en recuperarse.
También es importante asumir que el clima colombiano de montaña cambia rápido. Una mañana despejada no garantiza una tarde sin lluvia. Protección para agua, calzado apropiado y ropa adaptable a distintas temperaturas forman parte de una preparación básica.
Para travesías de varios días o recorridos de alta montaña, la guianza profesional deja de ser simplemente una comodidad. En lugares como Ciudad Perdida y El Cocuy forma parte de las condiciones establecidas para realizar la actividad.
Y hay una última recomendación que quizá sea la más importante: no conviertas cada ruta en una carrera. Las mejores caminatas en Colombia contienen detalles que desaparecen cuando el único objetivo es llegar.
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Colombia se entiende diferente cuando se camina
Hay territorios que pueden conocerse desde una ventana. Estos cinco no.
Quizá por eso el trekking en Colombia resulta tan difícil de resumir en una sola postal. Selva, páramo, bosque de niebla, antiguos caminos de piedra, lagunas glaciares y montañas donde todavía queda hielo conviven en un mismo país, y estas rutas de trekking en Colombia son apenas la puerta de entrada. Cuando se agoten, todavía queda un volcán activo con cóndores en el Cauca, un bosque de niebla del Pacífico sobre Cali, el páramo más grande del mundo a las afueras de Bogotá y un camino de piedra colonial entre Barichara y Guane: otras tantas razones para seguir sumando caminatas en Colombia al mapa.
Pero existe algo común entre todas estas rutas. Caminar obliga a que el paisaje dure.
No aparece durante unos segundos detrás del vidrio de un vehículo. Se acerca lentamente. Cambia con la altura. Se moja cuando llueve. Se cubre de niebla. Cansa. Obliga a detenerse. Y cuando finalmente llegamos, entendemos mucho mejor la distancia que existe entre simplemente haber estado en un lugar y haberlo recorrido.
En un país con tantos paisajes distintos, elegir la próxima ruta de trekking en Colombia no es cerrar una lista. Es apenas empezarla.