Durante siglos, Cartagena de Indias fue uno de los puertos más importantes y disputados del Caribe. Por su bahía circulaban mercancías, riquezas y personas esclavizadas provenientes de África. Su posición estratégica la convirtió en un punto clave del comercio colonial español, pero también en un objetivo constante de las potencias europeas que buscaban controlar las rutas marítimas de América.
Para proteger la ciudad se construyeron murallas, fuertes y baterías militares. Sin embargo, había un lugar que preocupaba especialmente a los defensores: el cerro de San Lázaro. Desde su cima era posible vigilar los accesos terrestres y dominar parte del territorio que rodeaba la ciudad amurallada. Si un ejército enemigo conseguía ocupar esa altura, Cartagena quedaría expuesta.
Fue allí donde, en 1657, se levantó la primera estructura del Castillo de San Felipe de Barajas, una fortaleza que crecería durante los siglos siguientes hasta convertirse en una de las obras de ingeniería militar más importantes de América.
Pero su historia no se encuentra únicamente en los grandes enfrentamientos. Bajo sus muros existen galerías subterráneas que alimentaron leyendas sobre pasadizos secretos. También hay derrotas poco recordadas, proyectos que pretendían destruir la fortaleza y detalles de su construcción que cuentan una historia muy diferente de la que solemos escuchar.
Te invitamos a descubrir cinco misterios del Castillo de San Felipe de Barajas en Cartagena de Indias, entre hechos históricos, leyendas populares y secretos arquitectónicos que vale la pena conocer antes de recorrerlo.
1. Los túneles secretos: ¿existen pasadizos que conectan el castillo con otros lugares de Cartagena?
Uno de los mayores atractivos del Castillo San Felipe de Cartagena se encuentra bajo tierra.
Al descender por sus galerías, la temperatura cambia, la luz disminuye y los corredores parecen perderse dentro de la montaña. Algunos tramos son estrechos, otros se cruzan con diferentes pasajes y ciertos sectores permanecen cerrados al público.
Durante generaciones circularon historias sobre supuestos túneles que conectaban la fortaleza con la Catedral de Cartagena, el Centro Histórico e incluso las defensas de Bocachica.
La idea de una red secreta que atravesaba la ciudad resulta fascinante. Sin embargo, no existen evidencias históricas que respalden la existencia de esos grandes pasadizos.
Lo que sí existe es un sistema de galerías militares que supera los 600 metros de extensión, construido para comunicar diferentes sectores de la fortaleza y apoyar su defensa.
Estos corredores permitían a los soldados desplazarse entre posiciones protegidas, almacenar suministros y permanecer resguardados durante los ataques. Su diseño también contemplaba la ventilación y la comunicación entre distintas áreas.
El secreto de la acústica de los túneles
Uno de los detalles más curiosos es su acústica.
En determinados corredores, una conversación puede escucharse desde puntos que parecen estar bastante alejados. La forma de las galerías favorece la propagación del sonido, una característica que también resultaba útil para la vigilancia y la comunicación.
La oscuridad y los cambios de dirección contribuyeron a crear una atmósfera que alimentó las leyendas sobre habitaciones ocultas y salidas desconocidas.
Pero el verdadero misterio no está en imaginar túneles que nunca existieron, sino en comprender cómo los ingenieros lograron construir semejante sistema dentro del cerro.
Durante tu visita: presta atención a las bóvedas, los conductos de ventilación y los cambios en la amplitud de los corredores. Son pistas que ayudan a comprender cómo funcionaba esta estructura subterránea. No todos los pasadizos están habilitados, por lo que es importante permanecer en el recorrido autorizado.
2. El castillo inexpugnable que, en realidad, sí fue conquistado
Al Castillo de San Felipe se le conoce como «el inexpugnable», una expresión utilizada para describir una fortaleza que no puede ser tomada por el enemigo.
Su reputación está relacionada principalmente con la defensa de Cartagena durante el gran ataque británico de 1741, uno de los episodios militares más importantes de la historia de la ciudad.
Sin embargo, existe un detalle que contradice esa fama: el castillo fue conquistado en 1697.
Ese año, una expedición francesa dirigida por el barón de Pointis atacó Cartagena. Sus tropas consiguieron rendir la fortificación del cerro de San Lázaro, lo que facilitó el avance sobre la ciudad.
La caída demostró algo que los estrategas españoles temían desde hacía décadas: si el enemigo controlaba el cerro, podía utilizar esa posición contra las defensas de Cartagena.
Tras el ataque, la fortaleza fue reparada y reforzada para enfrentar futuras amenazas.
La batalla de 1741 y la resistencia de Blas de Lezo
Décadas después, Cartagena volvió a encontrarse frente a una ofensiva de gran escala.
En 1741, una flota británica comandada por el almirante Edward Vernon llegó con el propósito de tomar la ciudad. La defensa española estuvo dirigida por las autoridades coloniales y sus mandos militares, entre ellos el almirante Blas de Lezo, uno de los protagonistas más recordados de este enfrentamiento.
Las fuerzas británicas consiguieron ocupar varias posiciones defensivas de la bahía y avanzaron hacia la ciudad. Sin embargo, su intento de tomar el Castillo de San Felipe fracasó.
La resistencia de los defensores, las dificultades militares de la campaña y las enfermedades que afectaron a las tropas británicas contribuyeron al fracaso de la expedición.
Cartagena conservó su posición estratégica bajo control español.
Lo interesante es que la fortaleza que resistió en 1741 no tenía todavía todas las estructuras que vemos hoy. Las grandes ampliaciones que definieron su aspecto actual comenzaron años después.
Por eso, cuando recorras el castillo, estarás viendo el resultado de distintas etapas de construcción, y no únicamente el escenario original de aquella batalla.
3. Un castillo que tardó más de un siglo en convertirse en la fortaleza que conocemos
Desde el exterior, el Castillo de San Felipe de Barajas parece una sola construcción. Sus murallas inclinadas, caminos y plataformas forman un conjunto que se adapta al relieve del cerro.
Pero no fue construido de una sola vez.
La primera fortificación, terminada el 12 de octubre de 1657, era mucho más pequeña. Se trataba de un puesto defensivo ubicado en la cima, con espacio para una reducida guarnición de soldados.
Esta estructura original recibió el nombre de Bonete, por su forma y ubicación sobre el cerro. Contaba con garitas de vigilancia, alojamientos, almacenes y un depósito de agua.
La construcción fue impulsada por el gobernador Pedro Zapata de Mendoza, siguiendo un diseño del ingeniero Ricardo Carr y bajo la dirección del maestro mayor Gaspar Mejía.
Su nombre también guarda una curiosidad: San Felipe hacía referencia al rey Felipe IV de España, mientras que Barajas estaba relacionado con el título nobiliario de los antepasados del gobernador.
¿Por qué sus murallas tienen formas tan particulares?
Después de los ataques sufridos durante los siglos XVII y XVIII, los ingenieros militares consideraron necesario ampliar las defensas.
A partir de 1762, Antonio de Arévalo desarrolló un conjunto de baterías, caminos protegidos y nuevas estructuras que transformaron la antigua fortificación.
Las murallas inclinadas, los diferentes niveles y los ángulos que caracterizan al castillo responden a decisiones de ingeniería militar.
No fueron diseñados principalmente para impresionar a quienes llegaban a Cartagena. Su función era aprovechar el relieve, proteger diferentes sectores y permitir la vigilancia desde varios puntos.
El cerro mismo se convirtió en parte de la construcción.
En lugar de levantar una fortaleza independiente sobre una superficie plana, los ingenieros adaptaron los muros a la montaña. Por eso, desde algunos lugares resulta difícil distinguir dónde termina el terreno natural y dónde comienza la estructura construida.
Otro elemento importante son los aljibes, depósitos utilizados para almacenar agua. Su presencia era esencial para sostener a los soldados durante periodos prolongados de aislamiento.
Aunque algunos viajeros lo buscan como Palacio San Felipe, el monumento nunca fue un palacio ni una residencia real. Su función fue militar desde el comienzo.
En realidad, una de las mejores formas de comprender su arquitectura es recorrerlo desde las plataformas inferiores hasta llegar al Bonete. A medida que asciendes, puedes reconocer distintas etapas constructivas y observar cómo la fortaleza fue creciendo alrededor del cerro original.
4. El secreto detrás de sus muros: ¿quiénes construyeron realmente el Castillo de San Felipe?
Los relatos históricos suelen mencionar a gobernadores, ingenieros y comandantes militares. Sus nombres aparecen en documentos y placas que recuerdan la construcción y defensa de Cartagena.
Pero detrás de esas obras hubo miles de jornadas de trabajo realizadas por personas cuyos nombres rara vez aparecen en las narraciones turísticas.
La construcción del Castillo de San Felipe de Barajas, Cartagena, Colombia, requirió el trabajo de canteros, albañiles, cargadores, carpinteros y otros trabajadores especializados.
Entre ellos hubo personas africanas esclavizadas, trabajadores libres y habitantes de Cartagena que participaron en distintas etapas de las obras.
La piedra debía extraerse, cortarse, transportarse y colocarse siguiendo las dimensiones establecidas por los ingenieros. También era necesario preparar los materiales de construcción y adaptar las estructuras a la forma irregular del cerro.
Se trataba de una labor extensa, desarrollada durante diferentes periodos de la Colonia.
La leyenda sobre los materiales de construcción
Alrededor de los muros también surgieron relatos populares sobre materiales extraordinarios utilizados para mantener unidas las piedras.
Una de esas historias sostiene que se incorporaban sustancias poco habituales a la mezcla de construcción para hacerla más resistente.
Aunque estas versiones forman parte del imaginario popular, no existe documentación histórica sólida que permita confirmar algunas de las afirmaciones más difundidas, como el supuesto uso de sangre en los morteros.
Los estudios históricos destacan, en cambio, el conocimiento técnico de los constructores y la utilización de materiales y procedimientos propios de la arquitectura militar colonial.
Este misterio invita a mirar la fortaleza desde otra perspectiva.
Además de reconocer a quienes diseñaron sus defensas, vale la pena recordar a quienes hicieron posible su construcción. La historia de Cartagena también está escrita en el trabajo de personas esclavizadas y de comunidades cuyos aportes quedaron durante mucho tiempo fuera de los relatos oficiales.
5. El castillo que sus propios ingenieros quisieron destruir
Este es probablemente uno de los episodios menos conocidos de la historia de San Felipe.
Aunque hoy consideramos la fortaleza un monumento que debe conservarse, durante la época colonial hubo ingenieros militares que propusieron demoler el castillo e incluso modificar o eliminar el cerro sobre el que se encontraba.
La razón parece contradictoria.
Si el cerro de San Lázaro era tan importante para defender Cartagena, ¿por qué alguien querría destruirlo?
La respuesta está en el mismo problema que había motivado su construcción.
Su posición elevada ofrecía grandes ventajas para vigilar los accesos terrestres. Pero si el enemigo conseguía tomarlo, también podía utilizar esa altura para atacar la ciudad.
Después de la conquista francesa de 1697 y del ataque británico de 1741, los responsables de las defensas debatieron si convenía mantener y fortalecer la posición o eliminar el riesgo que representaba.
Durante el siglo XVIII aparecieron distintas propuestas.
Uno de los episodios más interesantes ocurrió en 1778, cuando el ingeniero militar Agustín Crame planteó demoler parte de las obras existentes e incluso sustituir la fortaleza por una nueva estructura que llevaría el nombre de Castillo de San Carlos.
El proyecto no llegó a ejecutarse, entre otros motivos, por la falta de recursos económicos.
Antonio de Arévalo, responsable de importantes ampliaciones del conjunto, defendía una solución diferente: conservar el castillo y mejorar sus defensas.
Finalmente, San Felipe permaneció en pie.
Del abandono a convertirse en Patrimonio de la Humanidad
Los riesgos para la fortaleza no terminaron con la época colonial.
Durante el siglo XIX, el castillo perdió progresivamente su importancia militar. Algunos sectores se deterioraron, la vegetación avanzó sobre las estructuras y parte de sus materiales quedaron expuestos al abandono y la reutilización.
En 1928, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena asumió un papel importante en la restauración y recuperación del monumento.
Décadas después, en 1984, la UNESCO inscribió el conjunto de puerto, fortalezas y monumentos de Cartagena de Indias en la Lista del Patrimonio Mundial.
El Castillo de San Felipe forma parte de ese sistema de fortificaciones reconocido por su valor histórico y arquitectónico.
Resulta curioso pensar que una construcción diseñada para resistir ataques militares también tuvo que sobrevivir a proyectos de demolición, al abandono y al paso del tiempo.
Hoy sus muros siguen en pie, pero cumplen una función completamente distinta: conservar y ayudar a contar la historia de Cartagena.
Guía turística del Castillo de San Felipe en Cartagena, Colombia
Conocer las historias de la fortaleza cambia la forma de recorrerla. Los túneles dejan de ser simples pasadizos, las plataformas adquieren sentido y las vistas desde la cima permiten comprender por qué el cerro era tan importante para los defensores de la ciudad.
Si estás organizando tu visita al Castillo de San Felipe de Barajas en Cartagena de Indias, estos son algunos datos prácticos que conviene tener presentes.
¿Dónde queda el Castillo de San Felipe de Cartagena?
El castillo se encuentra sobre el cerro de San Lázaro, en el sector Pie del Cerro, cerca del barrio Getsemaní y del Centro Histórico de Cartagena.
Su entrada se ubica sobre la avenida Antonio Arévalo.
Desde la Torre del Reloj, uno de los principales puntos de referencia del Centro Histórico, el trayecto en automóvil puede tomar aproximadamente diez minutos, dependiendo del tráfico.
También es posible llegar caminando desde algunos sectores cercanos. Sin embargo, es importante considerar el calor de Cartagena, especialmente si planeas realizar la visita al mediodía.
Castillo San Felipe Cartagena: horario y precio de entrada
Según la información publicada por la administración oficial de las fortificaciones, el horario del Castillo San Felipe de Cartagena es de lunes a domingo, de 7:00 a. m. a 6:00 p. m.
Las tarifas oficiales de 2026 son de 38.000 COP para entrada general y 33.000 COP para nacionales, presentando el documento de identificación correspondiente.
Existe una tarifa reducida de 16.000 COP para niños de 6 a 13 años y determinados estudiantes y docentes que cumplan los requisitos establecidos.
Los menores de seis años y algunos grupos específicos pueden acceder gratuitamente. También se programan jornadas de ingreso gratuito para colombianos el último domingo de cada mes, excepto enero y diciembre.
Los precios, horarios y condiciones pueden cambiar, por lo que conviene revisar la información actualizada en la web oficial de Fortificaciones de Cartagena antes de viajar.
¿Cuánto tiempo necesitas para recorrer el castillo?
Lo recomendable es reservar entre una hora y media y dos horas y media para conocer la fortaleza.
Este tiempo permite caminar por las diferentes plataformas, recorrer los túneles habilitados, detenerse en los puntos de observación y conocer algunos detalles de su historia.
Si te interesa la arquitectura militar o quieres realizar fotografías con tranquilidad, puedes dedicarle más tiempo.
La experiencia cambia bastante cuando visitas el lugar acompañado por un guía que explica la función de cada estructura. Sin esa información, algunos espacios pueden parecer similares entre sí y es fácil pasar por alto detalles interesantes.
¿Cuál es el mejor momento para visitar el Castillo de San Felipe?
La mañana es una buena opción para quienes desean evitar las horas de mayor exposición al sol.
También puedes visitarlo durante las últimas horas de la tarde, cuando la luz permite apreciar las formas y texturas de sus muros desde diferentes ángulos.
Desde las partes más altas se observan sectores del Centro Histórico, el cerro de la Popa y otras zonas de Cartagena.
Esta perspectiva ayuda a comprender la posición del castillo dentro del antiguo sistema defensivo de la ciudad.
Cosas que debes saber antes de viajar
El recorrido por el Castillo de San Felipe combina zonas abiertas, pendientes, rampas, escaleras y corredores subterráneos.
Por eso, es importante utilizar calzado cómodo y con buen agarre, especialmente en los sectores de piedra. Algunas superficies son irregulares y pueden resultar resbaladizas cuando están húmedas.
El clima de Cartagena suele ser cálido durante gran parte del año. Lleva agua, protector solar, gafas de sol y un sombrero o gorra para las zonas exteriores. Hay pocos espacios de sombra en algunas plataformas.
Si viajas con niños, considera que ciertos corredores son estrechos y algunos sectores tienen desniveles. Conviene mantenerlos acompañados durante todo el recorrido.
Las personas con movilidad reducida también deben tener en cuenta las características de la fortaleza. No todos los espacios presentan las mismas condiciones de accesibilidad, por lo que es recomendable consultar previamente los sectores habilitados y las alternativas de visita.
Evita ingresar a pasadizos cerrados o apartarte de las rutas autorizadas. Se trata de un monumento patrimonial y algunas áreas permanecen restringidas por conservación o seguridad.
Finalmente, si tienes poco tiempo en Cartagena, organiza esta visita junto con otros lugares cercanos. El barrio Getsemaní, el Centro Histórico y el Convento de la Popa permiten ampliar el recorrido y conocer diferentes etapas de la historia de la ciudad.
¿Vale la pena hacer un tour por el Castillo San Felipe de Cartagena?
Puedes visitar la fortaleza de manera independiente, pero un recorrido guiado aporta un contexto que resulta especialmente valioso en este monumento.
Muchos de sus espacios fueron diseñados con funciones militares específicas y no siempre cuentan con elementos que permitan comprenderlos a simple vista.
Un guía puede ayudarte a diferenciar las etapas de construcción, entender los acontecimientos históricos y reconocer cuáles de las historias populares tienen fundamento.
Si buscas una experiencia que combine patrimonio, arquitectura e historia, puedes realizar el Tour al Cerro de la Popa y Castillo de San Felipe en Cartagena con Tangol.
Esta excursión incluye una visita guiada por la fortaleza, con recorrido por sus túneles y espacios históricos, además del ascenso al cerro de la Popa para conocer su convento y disfrutar de una perspectiva diferente de Cartagena. El servicio contempla transporte según la zona de recogida, guía y entradas a ambos monumentos.
Otra alternativa es el City Tour por Cartagena de Indias, que combina la visita al castillo con el convento de la Popa y un recorrido por lugares representativos del Centro Histórico.
Ambas experiencias permiten relacionar lo que observas dentro de San Felipe con otros espacios que formaron parte del desarrollo de la ciudad.
El Castillo de San Felipe: una historia que todavía se puede descubrir
Hay monumentos que se comprenden mejor cuando conocemos lo que sucedió dentro de ellos. El Castillo de San Felipe es uno de esos lugares.
Sus galerías, plataformas y muros conservan señales de diferentes periodos. Algunos espacios recuerdan los conflictos que marcaron la Cartagena colonial. Otros permiten reconocer la evolución de la ingeniería y el trabajo de quienes construyeron sus defensas.
También están las leyendas, que forman parte de la manera en que los habitantes han contado y reinterpretado su historia.
No hace falta encontrar un pasadizo hacia el mar ni una habitación desconocida para descubrir algo sorprendente. La historia documentada del castillo tiene tantos giros como sus corredores subterráneos.
Quizás lo más interesante sea recorrerlo con esa curiosidad: detenerse a observar sus detalles, preguntarse para qué servía cada espacio y reconocer que las piedras también pueden guardar historias que no aparecen a primera vista.
Porque visitar el Castillo de San Felipe no consiste únicamente en conocer uno de los monumentos más famosos de Cartagena. Es una oportunidad para comprender cómo una ciudad aprendió a protegerse, cómo se construyó su patrimonio y por qué todavía vale la pena conservarlo.